¿Qué es la música? O mejor dicho
¿qué es lo que valoramos de la música?
Seguramente nadie respondería a
esta pregunta haciendo alusión a sus aspectos más técnicos (como la conjunción
acústica de sus sonidos o determinadas herramientas intelectuales propias de
una clase de contrapunto) sino que remarcaría su lado emocional (ya sea
personal o social). Sin embargo, todo lo que solemos tratar cuando hablamos de
la música es precisamente sus aspectos técnicos. Cuando analizamos una partitura
analizamos su estructura, los acordes, el perfil melódico, etc. Es decir, lo
que viene puesto en la partitura. Evidentemente es por motivos prácticos, pero
debemos ser conscientes de que eso no es la música (o como se ha comentado
antes, no es lo que más valoramos de la música)
Además de la relativa poca
importancia que tengan este tipo de actos en relación a nuestra verdadera
valoración de la música, el hecho de llevarlos a cabo tiene un problema
añadido: nos hemos acostumbrado a que la música sean las notas. Cierto es que
ante esta afirmación se pueden decir dos cosas. La primera es que sin notas no
hay música (a pesar de los ejemplos que dicen lo contrario en el siglo XX) y
por ello quiero aclarar que me refiero notas como “lo que está escrito en la
partitura” y no notas en sentido estricto. Y la segunda que no, que no son sólo
las notas. Pero muchas veces cuando pensamos en música lo que pensamos es en
una partitura y no en las emociones o mensajes que transmite que es lo que
verdaderamente deberíamos valorar. Por tanto, a raíz de lo comentado por el autor del texto,
defiendo la importancia de lo no escrito.
Para mí, el arte es la ciencia de
lo que no está.
Y en eso consiste su valor. Como
escuché en cierta ocasión “the soufflé isn't the soufflé;
the soufflé is the recipe.” Y pasa igual con cualquier arte: La
Gioconda no es la imagen mil veces copiada (ni siquiera su original), Hamlet no
tiene que ver nada con las palabras impresas en el papel y por supuesto que el
Coliseo no son las desmoronadas rocas que quedan en Roma. Damos demasiada
importancia a lo que hay cuando lo importante es lo que no. Pero, ¿por qué digo
que el arte es la ciencia de lo que no está? Porque considero que es una rama
del saber humano pero que al contrario que el resto de ciencias, trabaja con
datos no verificables…sencillamente porque no están. La cualidad artística de
algo radica precisamente en que a partir de algo tangible (o no en el caso de
la música) lo trascienda y nos lleguen sentimientos/ideas/mensajes que no
están. Por ejemplo, un montón de piedras apiladas no es gran cosa y sin embargo
eso es lo que es estrictamente la única maravilla del mundo antiguo que ha
llegado hasta nuestros días. ¿pero acaso ese es el motivo de que lo
consideremos una obra de arte tan impresionante que reciba el nombre de
“Maravilla”? Evidentemente no, la obra de arte radica en que no vemos un montón
de piedras, vemos a un gran imperio clave de nuestra historia que con sus pocos
medios fue capaz de levantar semejante montón de piedras, vemos sus tradiciones,
sus pensamientos, sus creencias….y lo vemos aunque realmente lo único que esté
sea un montón de piedras al que llamamos Pirámide. Eso es lo importante del
arte, lo que no hay.
Y digo el arte porque se puede
aplicar a cualquiera, pero en el caso de la música es aún más evidente. Lo que
nos conmueve no es una partitura, es lo que nosotros hacemos con ella. La
partitura es una guía, una receta. Y como cualquiera que haya intentado alguna
vez seguir una receta sabrá, ésta no garantiza el éxito de nada.
La música es lo que hacemos con
la partitura y a pesar de que cada vez los compositores quieren dejar menos
libertad al intérprete intentando controlarlo todo deberían ser conscientes de
que ellos no hacen música, hacen recetas. Y si nosotros estudiamos/analizamos
exclusivamente eso no somos musicólogos, somos recetas-de-música-logos.
Lo importante es lo que no está en la partitura y eso no se nos debería
olvidar nunca.
