martes, 27 de octubre de 2015

El talento y el arte


Siendo un tema largamente discutido desde que se tiene conciencia del mismo, la importancia del talento por una parte y de la educación y el trabajo por otra. Antes de comenzar a reflexionar sobre el mismo, habría que aclarar que entender por tres conceptos fundamentales en este caso como son: creación artística (o arte), talento y educación.
Para el primero de ellos si atendemos a lo escrito por los sofistas, tenemos que lo que diferencia a la creación artística es, entre otras cosas, la intención y por tanto se necesita de una idea única, distinta y generadora para empezar a hablar de arte. En este sentido, se puede observar que dado que este tipo de ideas no se pueden aprender (ya que si se aprenden no cumplirían los criterios de única y distinta) debe haber algo más que la simple educación o el simple trabajo que lleve a los artistas a hacer sus obras.
Una vez aclarado el concepto de creación artística (o al menos caracterizado de alguna manera) el de “talento” es sin duda el más problemático de los tres. El talento muchas veces es entendido como la facilidad para que con muy pocas indicaciones alguien sea capaz de hacer algo en mucho menos tiempo de lo que le llevaría a cualquier otra persona. Si se atiende a esta definición, realmente no se necesitaría talento para realizar una obra de arte, puesto que lo único que aportaría sería una mayor rapidez para conseguirlo y siempre se puede esperar más.
Sin embargo, si se utiliza la definición de talento que habla de la capacidad natural de una persona no solo para entender y comprender sino para tener un criterio propio derivado de ese entendimiento, en ese caso sí que sería algo indispensable para la creación artística. Esto es debido a que las ideas no surgen de cualquier manera, sino que se necesita una mente preparada para ello y una de las bases para ello es ese criterio propio basado en el entendimiento previo. Lo cual está también relacionado con el último de los conceptos, el de educación.

Parece impensable por tanto que sin un conocimiento previo y una discusión del mismo pueda surgir una obra de arte. No hay entendimiento sin conocimiento y no hay conocimiento sin un trabajo continuado y constante, sin una educación. Es por eso que nunca se ha podido dilucidar del todo la cuestión de la mayor importancia del talento o de la educación. Porque sin talento (entendido como se ha explicado antes) no hay arte, pero el talento sin educación es como el bloque de mármol del que se sacó el David de Miguel Ángel. El David está ahí dentro, pero sin trabajo, sin educación, sólo es un bloque de mármol.

David de Miguel Ángel Buonarrotti (1501-1504)

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