Siendo un tema largamente
discutido desde que se tiene conciencia del mismo, la importancia del talento por
una parte y de la educación y el trabajo por otra. Antes de comenzar a
reflexionar sobre el mismo, habría que aclarar que entender por tres conceptos
fundamentales en este caso como son: creación
artística (o arte), talento y educación.
Para el primero de
ellos si atendemos a lo escrito por los sofistas, tenemos que lo que diferencia
a la creación artística es, entre otras cosas, la intención y por tanto se
necesita de una idea única, distinta y generadora para empezar a hablar de
arte. En este sentido, se puede observar que dado que este tipo de ideas no se
pueden aprender (ya que si se aprenden no cumplirían los criterios de única y
distinta) debe haber algo más que la simple educación o el simple trabajo que
lleve a los artistas a hacer sus obras.
Una vez aclarado el
concepto de creación artística (o al menos caracterizado de alguna manera) el de
“talento” es sin duda el más
problemático de los tres. El talento muchas veces es entendido como la
facilidad para que con muy pocas indicaciones alguien sea capaz de hacer algo
en mucho menos tiempo de lo que le llevaría a cualquier otra persona. Si se
atiende a esta definición, realmente no se necesitaría talento para realizar
una obra de arte, puesto que lo único que aportaría sería una mayor rapidez
para conseguirlo y siempre se puede esperar más.
Sin embargo, si se
utiliza la definición de talento que habla de la capacidad natural de una
persona no solo para entender y comprender sino para tener un criterio propio
derivado de ese entendimiento, en ese caso sí que sería algo indispensable para
la creación artística. Esto es debido a que las ideas no surgen de cualquier
manera, sino que se necesita una mente preparada para ello y una de las bases
para ello es ese criterio propio basado en el entendimiento previo. Lo cual
está también relacionado con el último de los conceptos, el de educación.
Parece impensable por
tanto que sin un conocimiento previo y una discusión del mismo pueda surgir una
obra de arte. No hay entendimiento sin conocimiento y no hay conocimiento sin un
trabajo continuado y constante, sin una educación. Es por eso que nunca se ha
podido dilucidar del todo la cuestión de la mayor importancia del talento o de
la educación. Porque sin talento (entendido como se ha explicado antes) no hay
arte, pero el talento sin educación es como el bloque de mármol del que se sacó
el David de Miguel Ángel. El David está ahí dentro, pero sin trabajo, sin
educación, sólo es un bloque de mármol.
David de Miguel Ángel Buonarrotti (1501-1504)
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