La música práctica y la música
teórica suelen tenerse por entidades separadas como si no fueran en realidad
las dos caras de una misma moneda en la que lo que pasa a una afecta a la otra
y viceversa. Sin embargo incluso San Agustín en el texto seleccionado distingue
no sólo estas dos características sino que también distingue la producción del
sonido con la del ritmo o el oír y el recordar.
Aunque
bien es cierto que estas divisiones pueden estar apoyadas por el hecho de que
cada una de ellas se realiza con una parte diferente del cuerpo (producir
sonido con las manos y/o la boca, oír con los oídos, recordar con el cerebro,
etc.) todas acaban pasando más o menos conscientemente por la mente por lo que
esta división es, o debería ser, artificial.
Volviendo
a la división entre música práctica y su teoría pocas veces han ido a la par
una de la otra. Casi siempre la teoría se encuentra por detrás de la práctica
debido a que los compositores no se conformar con lo establecido (ya que si no
no compondrían, simplemente copiarían) y buscan nuevas formas o al menos otras
diferentes con las que poder expresarse mejor. Sin embargo, los tratados y
obras teóricas no se escriben sólo para los teóricos o para dejarlos guardados
en un rincón, sino que son lo que estudian la siguiente generación de
compositores. Por tanto, tenemos unos teóricos que no reflejan la realidad de
los compositores, unos compositores que no se dedican sólo a seguir a los
teóricos y unos futuros compositores que estudian a los teóricos pero finalmente
no los seguirán como han hecho sus predecesores.
En
estas circunstancias las preguntas claves son ¿por qué esta división entre
música práctica y música teórica? ¿por qué tenemos esa necesidad de teorizar
todo y hasta qué punto puede ser interesante esa teorización? Y ¿podríamos
quedarnos sólo con la música práctica? (porque parece evidente que quedarse
sólo con la teórica no tendría sentido)
Mano de Guido d'Arezzo

No hay comentarios:
Publicar un comentario